Maruja Torres y el feminismo real

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Maruja Torres ha ganado el Nadal, enhorabuena! Pero hoy la ha fastidiado con su columna. Desolada, he mandado esta carta a El País. Creo que es importante intentar que estas cosas no pasen así sin respuesta (aunque, paciencia, paciencia…) :

Maruja Torres, hoy en El País, llama a la ministra de Exteriores israelí, Tzipi Livni, “campeona del feminismo real”, según dice porque “por fin se ha cumplido una premisa feminista real. Y es que una mujer tiene derecho a ser tan mala, cruel y asesina como un hombre, y a que la aplaudan”. Por si fuera poco, no se priva de decirle a la Ministra Chacón que su colega le ha dado una lección en sangre inocente. Así, todo queda entre mujeres, sin traspasar las reglas del apartheid femenino.

No sé si a Maruja Torres le habrá afectado la Pascua Militar y su protocolo diferencial. Porque no creo que ella ignore que uno de los mecanismos más elementales del machismo es, precisamente, el de convertir a las pocas mujeres poderosas en el punto de mira y en la representación de todo el colectivo femenino, sobre todo si cometen errores y son crueles. Y, por supuesto, cuanto más crueles más exponentes del feminismo. 

Tzipi Livni, Margaret Thatcher,  y otras han servido para desprestigiar al feminismo, para ‘demostrar’ las perversas consecuencias de la igualdad y, en definitiva, para fabricar la  parodia interesada con la que la ideología patriarcal intenta apartar a las mujeres del poder.

Las feministas, por el contrario, defendemos el derecho de cada mujer a su individualidad, a no ser relegadas al espacio indiferenciado que Celia Amorós llama ‘el gallinero’; apartado del espacio de los ‘pares’ o iguales (los hombres) que sí gozan cada uno de su personalidad diferenciada de los demás. Las feministas vemos en Tzipi Livni, y en cualquier otro u otra gobernante, una persona cuyos actos deben atribuirse solo a ella y no a su pueblo, su raza, su sexo, etc. 

En definitiva, defendemos el derecho de mujeres y hombres a ser personas por igual. Volver la oración por pasiva de esa manera tan rocambolesca es bastante retorcido. Es como si defender las mismas garantías procesales para un inmigrante se calificara como ‘la defensa del derecho a ser tan delincuente y asesino como el autóctono y salir absuelto’. ¿No resultaría escandaloso?  

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  1. Dí que sí! Y no contenta con eso, Dña. Maruja (Torres) se despacha diciendo que el único personaje negativo de su novela es ella misma… Todo encaja: lo que Celia Amorós (qué haríamos sin ella) llama “la retórica del remilgo”, ese empeño compulsivo de muchas mujeres en desaparecer de la escena, en autoboicotearse, va siempre de la mano de la complicidad con las estrategias patrircales, en realidad es uno de sus perversos efectos.
    A otro perro con ese hueso.

  2. Estoy plenamente de acuerdo contigo. No entiendo bien lo del feminismo real, ni el efectivo, ni estoy de acuerdo con la asimetría legal. El feminismo real debe denunciar a los canallas tengan el sexo que tengan. La igualdad de oportunidades es una regla básica de las sociedades democráitcas. ésa para democratizar la meritocracia. todo lo que atente contra esta lógica llevará a un fin incierto.

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