¡Pobre Menopausia!

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Felices jóvenes, ¡a vosotras os pasan cosas por causas diversas! Sabed que, a partir de los 45 años, todo lo que les pasa a las mujeres se atribuye a una tal Menopausia. Ella, al parece, tiene la culpa de todo: depresiones, pérdida de memoria, bajada de libido (e incluso subidones!), osteoporosis, pérdida de sueño, subida de peso, … hasta la celulitis! Todo esto y mucho más se lo he visto añadir a la cuenta de la pobre Menopausia.

Yo antes creía que la Menopausia empezaba, como pronto, con las irregularidades de la regla antes de retirarse (suele ocurrir que durante el último tramo se vuelve impredecible.- los llamados ‘desarreglos’). Pero qué va, resulta que, a falta de indicios, se recurre a otra que se llama Pre-Menopausia. Esa puede tener la culpa de todo lo que pasa ya a partir de los 40 años, e incluso antes, porque siempre se puede tratar de la Menopausia Temprana; o de la Pre-Menopausia de la Menopausia Temprana…. En cuanto a cuándo termina, tampoco he despejado la incógnita, porque en un libro la he visto definida como ‘el periodo desde la retirada de la regla, que puede abarcar hasta 2/3 de la vida de una mujer’. O sea, desde los 40 hasta ni se sabe cuando, las mujeres parecen ser víctimas de una enfermedad cuyos síntomas pueden ser tan amplios como vagos y variables, y de los que no se habla claramente.

He tenido ganas de escribir esto a raíz de que la amiga Lupe me preguntó por mi experiencia diciendo: ‘es que quiero saber qué me va a pasar’. Entonces me acordé de cuando yo hacía lo mismo hace unos años con las amigas mayores. A mí la encuesta aquella de andar por casa no me sirvió para aclararme mucho, porque la respuesta oscilaba entre las que ‘ni se enteraron’ y las que estaban/están sumidas en la más absoluta de las miserias… a causa, naturalmente, de la Menopausia. Esta variabilidad, la ‘ciencia’ la reconoce sin pestañear. O sea, que no se puede ni saber lo que te va a pasar; aunque eso sí, pueden ser cosas terribles.

Mi consejo: no os creais nada ni aunque lo veais. Porque cosas pasan, claro. Se pierde memoria con el tiempo si no se ejercita; se engorda si una no se mueve y sigue comiendo como si se moviera, o incluso puede que con la edad algunas personas necesiten ingerir menos calorías, aunque otras adelgazan (‘o te amojamas o te ajamonas’, dicen). Algunas personas se deprimen a cualquier edad, y puede que con la edad haya más depresiones (pasan cosas); y es verdad que las mujeres tienen peor estado de salud físico y mental, como también es verdad que tienen peores condiciones de vida. Y es verdad también que las mujeres padecen más de osteoporosis que los hombres, pero también es verdad que hacen menos ejercicio y comen peor desde la infancia. Todo esto está estudiado, pero los mitos son difíciles de combatir y fáciles de difundir.

Lo cierto es que la regla se retira, y que esa retirada va acompañada con ciertos síntomas térmicos (`sofocos’), variables en su intensidad y en su duración de unas mujeres a otras. Pero sudar no es ningún problema si te lo tomas con normalidad (aunque para las japonesas es una tragedia, según describe genialmente Amelie Nothomb). Y si se estropea un poquito el termostato, una puede quitarse y ponerse la rebequita cuantas veces haga falta.

Lo cierto, también, es que en nombre de la Menopausia se ha estado tratando extensivamente con hormonas a la mitad de la población, hasta que la evidencia ha demostrado abrumadoramente que aquello era una barbaridad. Las feministas llevaban mucho tiempo advirtiendo de los efectos nocivos del llamado ‘tratamiento hormonal sustitutorio’, pero las autoridades tardaron mucho tiempo en reconocerlo. El propio términito ‘sustitutorio’ se las trae: el concepto es que a las mujeres, a partir de una edad, hay que darles algo que deberían producir y que ya no producen. Desde luego, para los laboratorios farmacéuticos era un chollazo, y aún lo sigue siendo, supongo: la idea es que esté enferma mucha gente, ¡cuanta más gente mejor!

Solo me queda decir: ¡A otro perro con ese hueso! Y, como en aquella magnífica canción de Victor Manuel: ¡Déjame en paz, que no me quiero salvar, que en el infierno no estoy… tan mal!

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